No hay que entrar en pánico, a todos nos pasa. ¿Miedo al fracaso? ¿Miedo a lo que brotará de mi interior? Ante el posible boqueo, lo más práctico es disciplinarse, ponerse un horario y escribir, no importa qué: palabras, frases sueltas, un recuerdo, una anécdota, un diálogo...
Aunque, así y todo, puede suceder que...
Ahí viene una. A ésta sí que la atrapo, la domestico, la plasmo. Se acerca y me esquiva. Va tomando forma, como una colorida pompa de jabón. Pero, de repente, hace ¡plop! y desaparece. Ni un a sola idea he podio cazar hoy. Y el papel sigue en blanco.
Hada María Morales, escritora nicaragüense radicada en Miami, la llama “La libreta loca”. Para otros es, simplemente, “Moleskine”. En realidad, esa es la marca del legendario cuaderno de notas y agenda de los artistas e intelectuales europeos de los últimos dos siglos: de Van Gogh a Henri Matisse, de las vanguardias históricas a Ernest Hemingway. La tradición fue recuperada por el escritor viajero Bruce Chatwin que las adquiría en una vieja papelería parisina, para llevarlas siempre consigo en la mochila o intercambiarlas con sus amigos escritores, como Luis Sepúlveda. Justamente, Luis Sepúlveda (1949) decidió rendir un homenaje a las libretas de notas y así nació su libroMoleskine, apuntes y reflexiones. Para el escritor chileno, la "mítica" agenda y libreta de notas Molekine, tan característica de la intelectualidad europea, es "como un cuaderno de bitácora de la vida" en el que va anotando ideas que luego refleja en sus obras. Se llame como se llame, “la libreta” es una salvaguarda de la memoria y constituye uno de los objetos (junto con un boli, lapiz o pluma) que siempre acompaña a cualquiera que realice actividades relacionadas con la creatividad. La libreta del escritor suele tener ideas que te asaltan en cualquier momento y lugar. Quizá son frases que has leído, o que has evocado, una anécdota o palabras escuchadas al pasar. Si no fuera por los apuntes que vamos haciendo en una servilleta, un cuaderno o una libreta, las ideas se irían sin volver jamás. Y es muy frustrante no recordar esas ideas que te parecían tan increíbles.
“Como un tejedor enrollé mi vida, y él me la arrancó del telar. ¡De la noche a la mañana acabó conmigo!”.
Estas palabras de Isaías vienen a mi mente mientras observo a las tejedoras de la Cooperativa Sakía El Hambra de El Aaiún (Marruecos, ex Shara Español), enrollando sus alfombras a medida que el trabajo avanza, nudo a nudo.
Son mujeres mayores, algunas llevan más de dos décadas moviendo con destreza sus dedos entre urdimbre y trama. Para los saharauis la alfombra es casi el único mobiliario necesario. Constituye el sitio para sentarse y preparar el té, para acomodarse a ver televisión, para dormir… y aun para parir.
Pesadas, hechas de pura lana, las alfombras cubren los salones de la vivienda de lado a lado. En el perímetro se las coloca dobladas, con el pelo hacia adentro. Sobre ellas van los cojines, apoyados contra la pared. No se necesita nada más.
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Una tarde, intentaba ponerme de acuerdos con algunas mujeres de la cooperativa de alfombras para comenzar un nuevo curso de tapices. Soukeina, la amiga que iba a traducir, tardaba en llegar y alguien tuvo la idea de llamar a Brahim, un niño de tez muy blanca y mejillas ruborosas ¡único varón en un salón con ocho mujeres! Comenzó a traducir escondiendo el rostro, mirando al piso. Lo hizo con buena dicción, en perfecto español con leve acento andaluz. La mitad de sus doce años de vida transcurrieron en Marbella y llevaba poco tiempo de regreso en el Sahara. Su padre estaba aún en la Península.
Conversé con el niño sin mirarlo directamente, para no incrementar su timidez; le hice saber que había vivido en la Costa del Sol casi en la misma época que él. Poco a poco logró levantar la vista y cuando por fin sonrió con mirada triste me dieron ganas de abrazarlo.
Brahim se concentró en la conversación. Fue cobrando confianza y llegó a parecerme que comprendía el sentido cabal de las palabras referidas a un tema que le era ajeno. Demostró tener un vocabulario rico y gran sentido común. Cooperó dócilmente, pero al cabo de un rato nos pareció que ya era demasiado esfuerzo para un niño y lo liberamos, con la esperanza de que Soukeina llegara pronto. Él respiró aliviado.
“Muchas gracias Brahim. Dentro de unos años podrías trabajar como traductor; lo haces muy bien”. Sonrió al escuchar estas palabras y un brillo de alegría asomó en su mirada. Bendecir a un niño reconociendo sus dones, dándole una palabra de ánimo, infundiéndole esperanza, es como aportar un hilo colorido a su tapiz recién comenzado.
Este texto fue escrito originalmente para el blog de Encarni Sánchez, EL RINCON DE KARIMA. 2009.
Hasta la adolescencia concurrí a un colegio católico pero no tuve una experiencia personal con Dios. Incluso llegué a la conclusión de que el “cristianismo” era un camino vacío, sin respuestas.
Buscando la manera de contribuir para que el mundo fuera un poquito mejor, al ingresar a la universidad me involucré en el Partido Comunista Revolucionario. Poco tiempo después estaba desanimada porque las vidas de mis compañeros de militancia no reflejaban valores distintos a los de la criticada burguesía; en consecuencia, la propuesta de “una nueva sociedad” parecía absurda. ¿Cómo podrá cambiar una sociedad si primeramente no cambia cada individuo en su interior?, me preguntaba.
Pedí la baja como miembro del partido y comencé a practicar yoga como vía para alcanzar un estado espiritual más elevado. Quería encontrar el verdadero sentido de la vida. Tenía que existir una realidad invisible más trascendente que nacer, crecer, multiplicarse y morir...
Fueron muchos años incursionando en filosofías, sectas y prácticas ocultistas, sin lograr satisfacer mi inquietud interior. Paralelamente, tuve malas experiencias de pareja, me distancié de mi familia, durante cierto tiempo consumí drogas y viví angustiada, al punto de desear la muerte. ¡Pero allí estaba Emanuel, guardándome, aunque aún yo no lo conocía!
Comencé a tener problemas de salud mientras seguía experimentando con pirámides, cristales, rebirthing, healing, yoga, ayunos prolongados, repetición de mantras e identificación de señales en el cielo. Gastaba buena parte de mi sueldo de periodista en hacer cursos de terapias alternativas, consultar psicólogos y parapsicólogos, médicos y curanderos, astrólogos y gurúes.
En ese peregrinar new age conocí a un artista plástico que seguía a Jesucristo. Un día en que me sentía enferma y sola lo llamé y le pedí que “rezara por mí”. Me dijo que una de sus hermanas había recibido de Dios el don de sanidad y que hablaría con ella para que fuéramos a verla. La cita fue para dos días después (más tarde supe que en esas 48 horas ambos ayunaron y oraron por mí, así como también me enteré que otras personas lo habían hecho en los últimos dos años ¡Dios es fiel!).
Esta amiga me habló, oró y me preguntó si quería entregarle mi vida al Señor. Le dije que sí pero en realidad -a causa de la anemia y de la ceguera espiritual- no lograba comprender nada de lo que ella decía. Luego me invitó a ir el domingo a la iglesia evangélica donde se congregaban y dije que iría. Lo hice pensando que nada perdía con probar una nueva posibilidad.
Fui al domingo siguiente, dispuesta a ver “qué pasaba”. Al abrir la puerta sentí algo indescriptible, como una lluvia refrescante, y mi único pensamiento fue: “Por fin llegué!”. Tuve la certeza de que mi búsqueda había terminado, de que estaba en casa y podía confiar;. Me senté en la última fila de sillas y dije: “Dios, te entrego mi vida, ya noquiero seguir por mí misma, por favor hazte cargo de mí”. Podría haber sucedido en otro lugar, en otro tiempo, pero ese fue el día que el Señor escogió para ligarme a él definitivamente.
A la semana siguiente me incorporé al curso bíblico para nuevos convertidos, maravillándome por el inmenso mundo que se abría ante mis ojos. Como quien necesita una “teraapia intensiva” comencé a asistir a todas las reuniones de la iglesia... durante las vigilias me sentaba en la posición yoga de “flor de loto”, ¡la más espiritual a mi entender !Tiré o quemé un montón de libros, símbolos, amuletos, grabaciones y objetos. A los dos meses me bauticé para dar testimonio público de mi fe en Jesucristo.
Mi salud física fue restablecida y las pesadillas desaparecieron después de una fuerte experiencia de lucha espiritual. Mis amigas me preguntaban de quién estaba enamorada. No era para menos: por primera vez experimentaba la dicha de sentirme incondicionalmente amada y de poder confiar plenamente en mi Amado, y esto se notaba en mi rostro!
El proceso de liberación de opresiones demoníacas y de sanidad interior llevó varios años..., en realidad creo que el Señor sigue obrando sanidad del alma a lo largo de toda nuestra vida.
BUSCANDO SU VOLUNTAD En el primer año de mi nueva vida comencé a trabajar como voluntaria en Centro Victoria , Desafío Juvenil (Teen Challenge) para rehabilitación de drogadictos, a cargo del pastor Rodney Hart. Él y su esposa Lynn me enseñaron con su ejemplo que no hay nada mejor que estar en el lugar donde Dios nos quiere, obedeciendo su voluntad.
Le preguntaba al Señor cuál era mi lugar... me inscribí en el Instituto Teológico para prepararme, pero no pensaba aún en salir del país. Me gustaban las conferencias misioneras y ofrendaba regularmente para la obra llevada a cabo en lugares lejanos por estas “personas extraordinarias”... ¡yo estaba tan lejos de ser como ellos!
Había alcanzado éxito profesional, tenía un buen sueldo y reconocimiento, sin embargo comenzó a crecer en mi interior la certeza de que Dios me llevaría a una nueva etapa, en otro lugar. Entonces comprendí que los misioneros son personas comunes, con miserias comunes y que lo único extraordinario en sus vidas es la obediencia, la apertura al cumplimiento del propósito de Dios, y la misericordia de Dios sobre ellos.
Es curioso: uno de los primeros libros cristianos que leí –y me impactó en gran manera- fue: ¨Me atreví a llamarle Padre¨, historia de la conversión de una mujer musulmana pakistaní. Más tarde comprendí por qué… Pero esa es otra historia.
En una casita en las montañas del Atlas vivía una mujer muy temerosa. Siguiendo la tradición marroquí, tenía el amuleto de la mano de Fátima junto a la puerta de la vivienda, para protección de toda la familia. A pesar de ello, no lograba alejar de su mente el temor de que alguna desgracia les aconteciera.
La situación empeoró cuando lo que temía sucedió y su marido murió fulminado por un rayo mientras reunía las ovejas para llevarlas al corral. Vendió una de estas ovejas y compró una mano más grande, de oro con un ojo de cristal, y la colocó en el dintel de la ventana de su habitación. Al día siguiente bajó de nuevo al pueblo y adquirió dos más, esta vez de plata, y las ubicó una a cada lado de la anterior.
Cada noche, cuando se acostaba, fijaba la vista en ese ojo celeste… pero en lugar de sentirse protegida -como era de esperar-, se sentía observada. Sin embargo, jamás hubiera osado quitar de allí el amuleto por temor a que la desgracia se hiciera presente. Para remediar la situación decidió comprar otra mano y como ya no le quedaba dinero de la venta de la oveja, vendió la ropa, los zapatos y las gafas del difunto esposo. Esta vez consiguió un precioso talismán hecho en delicada filigrana.
En el pueblo todos la conocían y sabían su debilidad. Siempre había alguien que le ofrecía una mano de Fátima con algún detalle diferente a las que ya poseía. “Así me sentiré protegida”, se decía a sí misma mientras entregaba resignada el dinero que había llevado para comprar arroz, harina y verduras.
El tiempo pasaba pero sus temores no. Un día su hijo le anunció que se iba a España y antes de partir le regaló otra mano de Fátima. Ella la colocó en el pequeño salón donde comía.
El temor ganaba terreno y la mujer ya no podía hacer las oraciones porque pensaba que algo malo iba a suceder mientras estaba de rodillas con la cabeza inclinada.
Su hijo consiguió trabajo en España y comenzó a enviarle dinero, con lo cual pudo comprar muchos talismanes más. Colgó manos de bronce, de plata, de cerámica, de madera pintada, talladas, labradas, algunas con un ojo verde o celeste, otras lisas. Al llegar a la número mil y una, las paredes de la casa parecían un colador.
Una noche en que la mujer por fin se había quedado dormida, sintiéndose protegida por Fátima, las debilitadas paredes no soportaron el peso del techo y la casa se derrumbó.
Haití no ha dejado de ser noticia. Aunque ya no ocupe la primera plana de los medios de comunicación, la precariedad en que vive su población desde el terremoto del 12 de enero genera cada día nuevas historias de heroísmo, de dolor, de penurias y carencias, así como de generosidad y esperanza. Un joven pastor explica cómo administra algunas ofrendas que recibe para bendecir a la mayor cantidad posible de personas.
En medio de una población que llora a sus muertos, la Iglesia de Cristo se ha movilizado, reuniéndose en las calles desde el primer momento, como una bella flor que crece en medio de los escombros.
“Estamos bien, la iglesia está viviendo en lo espiritual un momento de alegría a través de un avivamiento. La gente se acerca más a Dios; algunos tienen gran temor de Dios y el Espíritu Santo se mueve muchas veces. Gloria Dios!”, dice el pastor Edouard Webert, quien recorre incansablemente el territorio, llevando ánimo a los creyentes y ayudando materialmente en lo que puede, con algunas ofrendas que recibe del exterior. No es mucho dinero, pero él administra con sabiduría e integridad, rindiendo cuenta hasta del último céntimo de dólar. “Para mí ser cristiano es una cuestión de vida o de muerte Por esta razón quiero hacer todo bien, según me indica la Palabra de Dios”, afirma.
La tarea es enorme.En Puerto Príncipe dos jóvenes le piden iniciar un aula de estudio de la Palabra en su barrio. Luego de hablar con ellos y visitar a otros hermanos en esa ciudad, asiste a los de Jacmel y Gonave. Para viajar a este último poblado –o lo que queda de él- tiene que pasar casi tres horas en un barco de vela y motor. “Aún me falta llegar a Petit Gonave para terminar de visitar los lugares más afectados por el terremoto”, explica.
En Gonave hasta ahora no hay iglesia, pero después de la catástrofe muchos creyentes que vivían en la capital y lo perdieron todo, se trasladaron a ese lugar para reunirse con otros familiares. “Ahora allí hay una gran posibilidad de evangelizar”, comenta con entusiasmo el pastor Webert.
Mientras tanto, en ciudades como Jacmel, Anse-à-Veau y Puerto Príncipe los creyentes del Centro Cristiano Evangélico (CCE) han vuelto a reunirse y “las actividades espirituales tienen más gente que antes, solo que los servicios se hacen bajo tiendas o al aire libre”.
TANTO CON TAN POCO
Espiritualmente Haití renace tras el terremoto, pero “el problema más grande es socio-económico”, reconoce el pastor. “Una familia que antes tenía tres o cuatro miembros, tiene ahora quince y hasta veinte. La iglesia, a pesar de las dificultades, no puede hacer otra cosa que sostener a algunos de sus miembros en todos los niveles: espiritual, económico y social”.
¿Qué se puede cubrir en estas circunstancias con ofrendas que suman 290 dólares americanos? “Hice muchas cosas”, informa el pastor. Y cuando comienza a dar detalles, pareciera que las finanzas se multiplicaron en sus manos. “En Jacmel le di dinero en efectivo a dos personas: veinte dólares entregué a un padre de familia que perdió su empresa y tiene la casa dañada; y a una joven, hija de madre viuda, le entregué 30 dólares porque ellas no tenían nada de dinero”.
Con los 240 dólares restantes, Webert compró 5 bolsas de arroz, 5 galones de aceite de oliva, 10 cajas de galletas para los niños y un paquete de caldo en cubitos. Algunas mujeres del CCE ayudaron a armar bolsas para distribuir entre 31 familias, sobre todo a las madres solas. “Puedo afirmar que más de 300 personas se beneficiaron de esas ayudas”, afirma, exhibiendo todos los comprobantes.
Sobre esta manera detallada de rendir cuentas, tiene también una forma precisa de explicar qué lo motiva: “Mi compromiso con Dios me exige de ser un hombre fiel en todo. No tengo coche o guagua, no tengo casa ni dinero. Siempre he diferenciado entre lo que es personal y lo que es para el trabajo de Dios. Cada día, hasta mi último día sobre la Tierra, quiero ser un hombre integro y el Espíritu Santo me está ayudando para lograrlo. No quiero aprovechar ninguna ocasión para tener más, mientras que el pueblo de Dios muere de hambre. Cada cristiano tiene la obligación de luchar contra la injusticia”.
HORA CLAVE
La visión del pastor Edouard Webert no termina en la satisfacción de algunas necesidades materiales de los miembros de las iglesias que él supervisa. “Pido oración por la vida espiritual de cada hermana y hermano del Centro Cristiano Evangélico porque vivimos tiempos difíciles y está cercano el día del rapto de la iglesia. Quiero que cada uno de nosotros se dedique más al servicio de nuestro Maestro, Jesucristo, ponga en práctica la Palabra de Dios y viva como gente santificada que hace todo por fe. Mi deseo más grande no es tener coche, casa ni dinero en el banco, sino que cada uno de nosotros esté a los pies de Jesucristo” afirma.
Durante los días de Semana Santa, el CCE de Puerto Príncipe realizará una campaña evangelística. En esa ciudad los creyentes están trabajando para limpiar los escombros de lo que era el templo, el lugar de adoración, de alabanza y de estudio de la Palabra. En Anse-à-Veau y Jacmel también deberán reconstruir. “Pensamos usar tiendas grandes donde antes había edificios, pero hasta la fecha no las tenemos. En esos tres lugares trabajamos al aire libre y a veces usamos hogares temporales para los cultos”, explica Webert. Para Anse-à-Veau y Jacmel ya tiene bloques y piedras para la construcción, pero falta cemento, arena y dinero para pagar a los obreros.
Proyectos no le faltan a este joven pastor. “Queremos abrir una cafetería al aire libre para los miembros de la iglesia, que funcione cada domingo después al culto a fin de aliviar un poco la situación de falta de alimentos que sufre la mayoría de ellos”.
En la comunidad de Anse-à-Veau anhelan abrir un proyecto socio-espiritual para niños de 3 a 12 años. “El número de niños sin padres ha aumentado después el terremoto, en particular en Puerto Príncipe y en Jacmel. Pensamos organizar para ellos una serie de encuentros socio-psico-espirituales. Vamos a darles un plato de comida a cada encuentro”. Pero aún hay más: “Dado que ellos no pueden ir a la escuela, pienso para el futuro en una escuela primaria. En este sentido, pido oración por esos niños, para que Dios envíe sus bendiciones para ellos por medio de las hermanas y de los hermanos de Haití y también del extranjero”.
La expulsión de Marruecos de numerosos cristianos y el cierre de un hogar de niños en Ain Leuh, montañas del Atlas, saca a la luz el drama de las madres solteras y sus bebés. Estas mujeres, repudiadas por sus familias y rechazadas por sus vecinos, muchas veces se ven prácticamente obligadas a abandonar a sus hijos recién nacidos, después de haber pasado insospechadas penurias. Ese es el origen de “les abandonnes” o niños abandonados que viven en los mal llamados “orfanatos”.
El mes de marzo estuvo marcado por la expulsión de 70 extranjeros del Reino de Marruecos. El nuevo Ministro del Interior, Taieb Cherkaoui, dio un giro a la política que venía sosteniendo el gobierno alauita y, sin previo aviso, autorizó detenciones y expulsiones. Esto sucedía al tiempo que en la ciudad de Granada, España, culminaba una reunión entre Marruecos y la Unión Europea, para tratar asuntos referentes al Estatuto Avanzado. Los marroquíes cosechaban privilegios en una orilla del Mediterráneo, mientras en la otra arremetían contra cooperantes cristianos, residentes legales, algunos de ellos desde hacía más de quince años.
Una de las primeras noticias difundidas fue que todo el personal extranjero de Vilage of Hope, o Aldea de la Esperanza, (www.voh-ainleuh.org) había recibido orden de abandonar el país en pocas horas. Apenas tuvieron tiempo de despedirse de los treinta y tres niños que quedaron huérfanos por segunda vez, que perdieron a sus padres amorosos, el bienestar de un hogar, el privilegio de una educación bilingüe, la esperanza de un futuro. Estos pequeños pasaron a engrosar las filas de los cientos y cientos de niños hacinados en instituciones del estado o a cargo de asociaciones. Niños que, en realidad, no son huérfanos sino abandonados.
AMAL
Hace un par de años tuve oportunidad de frecuentar una casa contigua al nuevo hospital público en la ciudad de Fez. La asociación islámica a cargo de este lugar se llama “Amal”, que en árabe significa “esperanza”. Allí había unos 180 niños, de 0 y 4 años, la mayoría nacidos en la Maternidad de dicho hospital.
A partir de los siete u ocho meses los pequeños permanecían casi todo el tiempo atados a los barrotes de sus cunas, con una cuerda a veces tan ajustada que les lastimaba el cuerpecito. No tenían con qué jugar, no eran estimulados para un normal desarrollo psicomotor y, a medida que pasaban los meses y los años, se iban convirtiendo en pequeños tristes, desesperanzados, incluso deficientes. Al cumplir los cuatro años, si no habían sido adoptados, su destino era ser trasladados a alguno de los orfanatorios del estado.
Recuerdo la tarde de febrero en que desde el interior de este centro miraba hacia el jardín, observando cómo caían diminutos copos de nieve sobre los columpios solitarios, casi sin uso, donados por un grupo de cristianos de España. Me encontraba en el cuarto de los bebés de uno a dos años, abrazándolos, mientras ellos agitaban sus manitas diciendo: “Mama, mama…”, reclamando para sí una muestra de cariño.
Estos pequeños se alborotaban sobremanera cuando nos escuchaban llegar porque sabían que era su “hora de libertad”. Mientras duraba nuestra visita, les estaba permitido salir de las cunas-prisión y moverse dentro de la misma habitación, entre la treintena de cunitas. El director del centro nunca nos autorizó sacarlos al jardín, y ellos mismos sentían temor de alejarse de esas cuatro paredes, único mundo conocido.
HIJOS DE LA VERGÜENZA
Quedar embarazada sin estar casada, es lo peor que le puede suceder a una joven en Marruecos. La ley prohíbe las relaciones sexuales fuera del matrimonio y una mujer soltera que ha perdido la virginidad es considerada legalmente “prostituta” y merece ser encarcelada. Pero, aunque esto no sucediera, la mujer soltera embarazada recibe el rechazo de su familia, la expulsión del hogar, castigos físicos y a veces la exigencia de abortar.
En la sociedad musulmana es fundamental preservar el honor de la familia por medio de las mujeres.
“Una mujer que ha tenido un hijo sin estar casadaya no sirve”, me explicó en una ocasión el profesor de árabe. En relación al niño, dijo que “el hijo de una mujer soltera siempre será un paria”. Sin dudar, justificó la interrupción del embarazo: “El pecado ya ha sido cometido; abortar evita el escándalo y le evita sufrimientos futuros a un niño que siempre sería un paria”.
Para este buen musulmán, la vergüenza era inadmisible.
En caso de que una víctima de violación decidiera denunciar al hombre, el juez podría condenarla a una pena de entre tres y seis meses de cárcel “por ejercicio de la prostitución”. Aún si no hiciera la denuncia pero de la violación resultara un embarazo que llegara a término, igualmente podría acabar ante la justicia, ya que los médicos están obligados a declarar los casos de madres solteras. Se estima que un millón de mujeres marroquíes se encuentran en esta circunstancia.
ABANDONADOS
Como consecuencia de tal legislación y de la presión familiar para salvaguardar el honor, la mayoría de las madres solteras se ven prácticamente obligadas a abandonar a sus bebés. ¿A dónde iría una mujer sola, con un niño en brazos? Repudiada, pobre, analfabeta, sin posibilidades de casarse alguna vez… Sólo le resta liberarse del “bebé vergüenza” e intentar continuar su vida.
Esta práctica es muy corriente en Marruecos, como atestigua la existencia de centros para niños abandonados en cada ciudad medianamente importante. Cientos y cientos de pequeños en todo el territorio están a cargo del estado o de asociaciones, tutelados por un juez, esperando ser adoptados… cosa muy poco probable, sobre todo en el caso de los varoncitos ya que los musulmanes rechazan la idea de la adopción y en caso de llegar a hacer este proceso se interesan por las niñas, generalmente para convertirlas en sirvientas. Por otra parte, existen muchas trabas para la adopción internacional, comenzando por la exigencia de una declaración de fe musulmana.
MUJERES SOLIDARIAS
El gobierno no ofrece a las madres solteras la posibilidad de restauración y reinserción social. Eso sería ir en contra de las propias leyes y la moral musulmana. El Estado y la sociedad prefieren esconder los bebés, llamarlos “huérfanos”, hacinarlos en tristes instituciones.
Algunas valientes mujeres han tomado la iniciativa de desarrollar proyectos solidarios en auxilio de estas jóvenes mamás, muchas de las cuales han sido violadas por familiares o empleadores (la servidumbre doméstica es una práctica corriente en el país y niñas de 12 o 14 años deben satisfacer todas las demandas de sus “amos”, incluso las sexuales).
La pionera en la visión de devolver la dignidad a esas mujeres, enseñarles un oficio y permitirles reinsertarse en la sociedad como personas útiles, ha sido Aicha Ech Chana.
Esta mujer voluntariosa, que en varias oportunidades ha recibido amenaza de los islamistas radicales, deplora el modo en que la sociedad marroquí trata a las madres solteras. En 1985 fundó en Casablanca la Asociación Solidaridad Femenina, una ONG laica y apolítica.
La entidad cuenta con residencias donde las jóvenes mamás pueden vivir con sus hijos durante los dos primeros años, mientras aprenden un oficio y trabajan en alguno de los micro emprendimientos de la asociación: restaurantes, lavanderías, hamman (baño tradicional, estilo romano, con sala de masajes).
En Tánger, Claire Trichot, una joven abogada de origen francés, dirige desde hace 10 años la ONG Cien por Cien Mamá. "En Marruecos ser madre soltera es un delito penado. Tener un hijo o hija fuera del matrimonio supone de tres a seis meses de cárcel", denuncia.
La asociación que preside ayuda actualmente a unas 70 mujeres "excluidas por sus familias y por la sociedad marroquí en general" por haber sido madres al margen del matrimonio, un hecho que además afecta, sobre todo, a quienes tienen altísimas tasas de analfabetismo. Trichot remarca que mientras las cifras apuntan que el 60% de la población de este país del Magreb no sabe leer ni escribir, en el caso de las madres solteras el porcentaje alcanza el 80%.
Como primera medida para paliar la situación, la organización no gubernamental acoge en una vivienda a la mujer que acaba o va a dar a luz. Y, después, empieza a trabajar con ella en espacios polivalentes.
Cien por Cien Mamá trabaja para "reinsertar" socialmente a este colectivo y busca prevenir además el "abandono" de los bebés recién nacidos.
En Errachidia, a las puertas del desierto, la religiosa española Josefa Benavent Murillo atiende a bebés abandonados por sus madres, en la mayoría de los casos "por el temor de que las maten por haberlos tenido siendo solteras, algo que aquí, generalmente, no está bien aceptado", explicó a un periodista español en 2009 esta valenciana de 73 años.
Según informaron fuentes eclesiásticas, Benavent, perteneciente a la orden religiosa de las Franciscanas Misioneras de María, "alimenta, lava y viste a los bebés en el hospital de Errachidia, donde permanecen hasta que son adoptados".
La religiosa destacó que "en la transmisión del cristianismo en estos lugares es particularmente importante el testimonio de vida". Cuando "ven que les ayudamos de una manera gratuita eso les extraña en un primer momento y hace surgir un gran respeto por nosotras", manifestó.
LOS DERECHOS DE LA INFANCIA
Si nos concentramos sobre la situación de la infancia, podemos decir que en Marruecos las condiciones de este sector de la población están muy lejos de lo que dicta la Convención de los Derechos de la Infancia y los discursos del gobierno.
El informe titulado “El sistema de protección de la infancia en Marruecos: debilidades y consecuencias”, elaborado porHafsa Afailal, Càtedra UNESCO del Diàleg Intercultural a la Mediterrània, Universitat Rovira i Virgili, puntualiza que “en Marruecos, los discursos oficiales del gobierno transmiten una imagen sobre la situación de la infancia totalmente opuesta de la imagen presentada por la sociedad civil, que denuncia el estado de vulnerabilidad y riesgo en las que se encuentran muchos niños y niñas”.
Asegura la investigadora que la precariedad de la situación de la infancia en Marruecos es muy inquietante. “Dentro de un cuadro general, las distintas situaciones de exclusión social provocadas por la pobreza, el paro, el analfabetismo de los padres, la desintegración familiar, la poligamia, el abandono escolar, el éxodo rural incontrolado — que provoca bolsas de pobreza en la periferia de las grandes ciudades— implica un acceso limitado a los recursos sociales básicos para los niños y las familias en general”.
Por otra parte, “la ausencia de unas políticas sociales claras coherentes y eficaces, no solamente políticas relativas a la infancia sino en todo el ámbito del desarrollo humano, hacen aumentar el riesgo entre estos menores, pudiendo aquí hablar de niños drogodependientes, niños abandonados, niños inmigrantes no acompañados retornados sin garantías… y niños explotados –sobre todo- en el trabajo. Todo ello ha sido un asunto muy tolerado por parte del gobierno y de las mismas familias, ya que se sigue considerando esto como una fuente importante de ingresos en el mundo rural. Muchas niñas trabajan en condiciones precarias y en muchos casos sufren violencia, explotación sexual y maltrato por parte de las familias que las contratan. Estas prácticas no se denuncian lo suficiente por miedo y, en muchos casos, por la ignorancia de los padres”, expresa.
El informe destaca que las niñas del campo tienen también muchos problemas sobre todo por lo que se refiere a la escolarización en la escuela primaria y la inexistente educación preescolar, empiezan a trabajar en el campo muy pronto o están explotadas en las ciudades como “petites-bonnes”. Estas niñas están invisibilizadas y viven una situación de semiesclavitud.
“Podemos hablar aquí también de los recién nacidos de madres solteras, ya que sólo se reconocen a los hijos nacidos durante el noviazgo (después del compromiso), pero no a los nacidos de una violación o un incesto”, asegura Afailal.
Es en este contexto que volvemos a considerar el cierre de "Aldea de Esperanza" en el pueblo de Ain Leuh y la expulsión del personal extranjero, y lamentamos profundamente la situación de esos niños abandonados cuyos únicos padres y familias ahora les han sido arrebatados.
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Nota: la información sobre las ONGs que trabajan con madres solteras en Marruecos ha sido tomada de diferentes medios de prensa y se halla disponibles en Internet.