VERONICA ROSSATO

30 de julio de 2010

Un mensaje en la botella


A la playa del antiguo Cabo Jubi llegó hace años una botella con un mensaje. No provenía de un naufrago desesperado sino de un empresario argentino que viajaba en barco con su esposa rumbo a Italia, para asistir a la boda de un pariente. El hombre tuvo la ocurrencia de arrojar al mar la botella con un mensaje en su interior, después de beber en cubierta el último sorbo de agua mineral.
Un mes más tarde la botella llegó a la playa de Cabo Jubi, llamado Tarfaya desde la descolonización por parte de España, sitio donde las arenas del Sahara se hunden en el océano Atlántico.
Cuentan que la recogió una niña que corrió a entregársela  a su tío, un saharaui que hablaba español. Cuando el hombre –que era médico y trabajaba en el hospital regional- leyó la nota, concluyó que ese era un día de suerte para él. Escribió de inmediato una respuesta y fue hasta la oficina de correo, pero guardó como recuerdo el dólar incluido en la botella para el franqueo.
A la vuelta del viaje a Nápoles, Juan Manuel encontró el sobre en el buzón de su departamento en Buenos Aires. Al comprobar que el sello postal tenía caracteres árabes emitió un silbido de sorpresa. Con fruición desplegó el papel y leyó en voz alta la carta escrita en un castellano plagado de errores pero comprensible.  Así supo que Mohamed, el médico, lo invitaba a su boda. Inmediatamente pensó en aceptar.
Cuando se lo comentó a su esposa, también ella se entusiasmó con la idea y juntos comenzaron a hacer planes para el viaje. Pero el famoso “corralito” financiero de finales del 2001 se interpuso, la empresa que tenían comenzó a tambalear y finalmente tuvieron que disculparse ante el amigo desconocido por no poder viajar.
Mientras tanto, la madre de Mohamed enfermó gravemente y la boda quedó en suspenso. La muerte le llegó seis meses después, poco antes de que el médico viajara a Rabat para un curso de especialización en Epidemiologia. Así, transcurrieron seis meses más.
Cuando por fin Mohamed pudo fijar nueva fecha de matrimonio, había pasado un año y medio desde el primer contacto con Juan Manuel.
En Argentina la economía comenzaba a estabilizarse y la pareja tomó un vuelo a Agadir sin más demora. Mohamed fue a buscarlos en su Mercedes Benz blanco, vistiendo un impecable dra, también blanco, con bordados celestes.
Sería difícil saber si los tres días de festejo nupcial fueron tan concurridos y animados a causa de la popularidad de los novios o por la presencia de dos invitados extranjeros.
La historia en sí resulta curiosa, pero más curioso fue el regalo de boda que eligieron Juan Manuel y Marta. En el mismo aeropuerto de Agadir, ni bien subieron al coche, entregaron a Mohamed un pequeño paquete envuelto en papel dorado. 
“No sabíamos que regalarte y decidimos traerte algo que para nosotros es de extraordinario valor y nos ha ayudado mucho en la vida matrimonial. Esperamos que tú y Mmbarka lleguen a ser tan felices como lo somos nosotros”, le dijeron con expresión amorosa. El saharaui se dispuso a guardar el regalo sin abrirlo, como manda la tradición, pero sus invitados insistieron en que lo desenvolviera. No pudo disimular la sorpresa al comprobar que se trataba de una Biblia. Por cortesía no la rechazó e inclusive agradeció el gesto, reconociendo la intención sincera y afectuosa de sus nuevos amigos. Pero cuando bajó el equipaje en el hotel, aprovechó para empujar el pequeño paquete al fondo del maletero.
¿Te preguntas si aun sigue allí? Puedo decirte que no. Ahora el valioso regalo tiene su lugar junto a la cama de Mohamed y Mbarka. Ambos fueron bautizados en una playa solitaria, por un pastor que llegó de una ciudad cercana a la frontera con Mauritania, después que ellos escribieron a Juan Manuel contándole lo que estaba sucediendo en sus vidas. Llevaban dos años escuchando un programa de radio en árabe, emitido desde Montecarlo, leyendo la Biblia y siguiendo un curso bíblico por correspondencia. El empresario argentino no descansó hasta contactar con alguien que pudiera visitarlos y guiarlos en el Camino.



23 de julio de 2010

Para decirle adiós


¿Quién iba a imaginar que desaparecería un domingo a la mañana, cuando todo parecía calmo e íbamos camino al mar?  
No hubo nada que hiciera sospechar su partida. Lo llevaba como siempre, sin presionar la mano. No era una carga sino una compañía que se había vuelto casi indispensable. Llevábamos juntos un buen tiempo y cada vez nos unían más cosas. El guardaba mis secretos, el listado de mis amigos, el acceso al cajero automático, las llaves de casa y hasta la prueba de mi identidad. 
Cuando la moto trepó a la vereda, sentí que lo arrebataban de mi mano pero no pude hacer nada. Quedé petrificada, con la boca abierta sin emitir sonido. Unos metros más adelante el ladrón se dio vuelta y me miró. El bolso ya era suyo.
22-12- 2004

18 de julio de 2010

Islam: Versos Cuestionados


Sucedió el 10 de diciembre de 2008. El consejero del rey Mohamed VI dio a conocer una decisión del monarca: Marruecos dejaría de lado las reservas relativas a la Convención internacional sobre la eliminación de discriminaciones a la igualdad de las mujeres. Estas reservas habían sido puestas por Marruecos, y otros países musulmanes, por consideraciones religiosas.
Los más modernos vieron este paso como continuidad de un largo proceso de reformas iniciadas por el rey, que comenzaron con el nuevo Código de Familia. Pero para los conservadores, la decisión real se percibe como un error, incluso como una provocación.
Para suavizar la crisis, el Consejo superior de Ulemas (que legisla sobre cuestiones religiosas) intervino señalando que el levantamiento de las reservas al texto internacional por parte de Marruecos no debe prestarse a confusión porque las cosas son claras: las disposiciones contenidas en el Corán, por ejemplo los textos relativos a la herencia, son intocables y no admiten ninguna interpretación.
Los niños aprenden esto en la escuela y lo repiten durante toda su vida: "Nada de esfuerzos interpretativos delante de un texto coránico". Memorizarlo, recitarlo y cumplirlo; jamás analizarlo.
CUESTIONAMIENTO
Sin embargo, los cuestionamientos han encontrado espacio incluso en medios de comunicación masiva. Atreverse a plantear que las disposiciones coránicas podrían considerase como resultado de un contexto social y cultural particular y que su alcance no es necesariamente universal y atemporal, ya no es una utopía.
Podríamos tomar como ejemplo dos temas que discriminan a las mujeres musulmanas: la herencia y la poligamia. En el primer caso, la tradición cuenta que en el contexto de guerra permanente, donde mujeres y niños eran considerados casi como minusválidos, una mujer presentó su queja a Mohamed (Mahoma) porque el hermano de su marido fallecido se había apoderado de toda la fortuna de éste, dejándola a ella y sus hijos absolutamente sin recursos. El verso coránico relativo a la herencia (que otorga a la mujer el derecho a heredar una parte de los bienes) fue una respuesta inmediata a la demanda de esta mujer y una dádiva para muchas mujeres privadas de herencia hasta entonces. Una revolución en su tiempo, pero que por la persistencia de la tradición y la cultura patriarcal de la época, terminó encorsetando y limitando el derecho de las mujeres de heredar de igual manera que los hombres.
Algo similar ocurrió con el tema de la poligamia. Los historiadores dicen que en la sociedad árabe que vio nacer al Islam no existía ninguna restricción en cuanto al número de esposas. Casarse con varias mujeres era una manera de asegurar vínculos entre diferentes clanes y tribus, siempre con el espíritu belicoso que caracterizó a esa sociedad. Tener un buen número de hijos capaces de tomar las armas y de hacer alianzas matrimoniales, era el mejor "seguro de vida". Se dice que cuando los versos limitando el número de esposas fueron revelados a Mohamed (Mahoma), uno de sus compañeros tenía una docena de esposas, sin contar las esclavas con las que también mantenía relaciones sexuales. Para incitar a los musulmanes a limitar la multiplicación de casamientos, el Corán desaconseja la poligamia si no fuera posible mantener a las esposas en igualdad de condiciones, y limita su número a cuatro.
Nuevamente, una disposición revolucionaria para la época, mantenida como resabio de una era patriarcal.

Si estas cuestiones entran en debate entre los musulmanes, un rayo de luz puede entrar en sus mentes y preparar el camino para la aceptación de verdades más profundas. Para el conocimiento de la Verdad

13 de julio de 2010

Sin Retorno (basta ya!)


Relato  
Latifa ha tenido siempre la mente inquieta. Tal vez a causa del mar, la playa,  los atardeceres violáceos o las gaviotas que con sus gritos alimentaron en ella el anhelo de descubrir la esencia de su ser. 
Mientras mira en un espejo su rostro moreno, joven pero con signos de haber padecido, surge nítido un recuerdo de su infancia al otro lado del mar, allá en Marruecos…
Anochece en Tánger y ella juega sola en la terraza mientras su madre ha ido al horno público en busca del pan que amasó hace unas horas. A la edad de diez años, Latifa mira hacia el descampado donde unos niños juegan a la pelota y se pregunta quién sería si hubiera nacido varón, si pudiera salir sola a la calle e ir algun día a la universidad. ¿Qué determina quién es uno? Entonces, con toda su alma deseó que ocurran cambios drásticos en su vida para comprobar qué parte de ella misma permanecía inmutable.
¡Vaya si hubo cambios! Acababa de cumplir catorce años cuando su padre le anunció que estaba comprometida con un pariente lejano del cual ella prefería no recordar la edad.
-Es un buen hombre y tiene una linda casa. El amor viene después, con la convivencia -le aseguró su madre cuando dijo, aterrada, que no quería casarse.
La boda fue en verano, como la mayoría de las bodas en Marruecos. El novio pagó todos los gastos, alquiló el mejor salón de fiestas de la ciudad y los cuatro trajes que ella debía lucir a lo largo de la ceremonia. No faltó detalle, ni bebidas ni comida para los numerosos invitados y los que sin haber sido invitados se sumaron al festejo.
Permaneció sentada durante horas en el trono dorado, comió dátiles y bebió leche para asegurar la fertilidad, se cambio de ropa y subió al balancín para que la pasearan al ritmo de la música bereber.  Al final de la noche, agotada y asustada, Latifa se dejó conducir a la casa de su marido, la misma que él había habitado con sus dos esposas anteriores hasta divorciarlas. Algunas mujeres mayores los siguieron y esperaron en el salón, tomando té y contando historias. Una de ellas fue varias veces hasta la puerta de la habitación para preguntar si ya habían hecho lo que debían hacer. Por fin el hombre se asomó y exhibió la mancha roja que constataba la virginidad. No había fraude, la dote entregada bien valía la pena y las mujeres lanzaron gritos de júbilo, haciendo vibrar la lengua con gran destreza.
Latifa comprendió aquella noche que ser mujer era sufrir y aguantar.
No tardó en quedar embarazada, pero el bebé murió antes de nacer. Las hemorragias la debilitaron y se sintió muy abatida. La vida se le iba sin haberla vivido, pero para sorpresa propia y de los demás, se recuperó de un día para otro y volvió a amasar, a freír, a fregar y a abrir la puerta para ir a jugar con las muñecas que escondía en un rincón de la terraza, aprovechando las largas ausencias de su marido. Solo a ellas podía contarles que él la maltrataba, segura de que no responderían: “Algo habrás hecho”.
Las visitas al hamman con su suegra o las cuñadas eran las únicas salidas durante semanas. El vapor del baño público la envolvía como un manto suave y encontraba delicioso el ancestral ritual de higiene con jabón en pasta y manoplas ásperas. Fregaba su delgado cuerpo hasta que la piel desprendía las células muertas, quedando limpia y enrojecida. Los chorros de agua caliente llevaban su apatía y luego el agua fresca le devolvía las ganas de vivir.
Dos años después del primer embarazo nació su hijita. Su corazón anheló que la pequeña pudiera escapar del destino marcado por la cultura, por los hombres, por la tradición. “Quiera Alá que puedas salir de Marruecos, estudiar, casarte por amor”, le decía en secreto. Para ella la escuela era un recuerdo lejano y el amor nunca había llegado.
Desde la terraza de la casa veía el mar, inmenso, azul, vital. Buscaba formas en la espuma que invadía la arena, anticipaba las mareas y llegó a reconocer cuándo el viento era tan potente como para impedir la salida de los ferry. En las noches de verano, cuando el marido no estaba en casa, se quedaba mirando las luces de las barcas pesqueras y deseaba buena suerte a quienes al amparo de las sombras se lanzaban a una arriesgada travesía, intentando alcanzar la costa española. Cuando Tarik regresaba, a veces se atrevía a preguntarle cuándo la llevaría a España. La respuesta era siempre la misma: “Nunca”.
El día que por fin cruzó el Estrecho de Gibraltar su risa y el movimiento del barco iban al mismo ritmo. En esa misma compañía naviera trabajaba su esposo desde hacía muchos años, tantos que estaba a punto de jubilarse. Aunque en realidad ahora estaba a punto de morir en un hospital de la Costa del Sol. La empresa se hizo cargo de su ingreso en la UCI cuando sufrió una hemorragia cerebral, y gestionó el visado para que ella y su hija pudieran viajar a verlo. Dio gracias a Alá porque Tarik aún vivía. Nunca imaginó que ese pudiera ser su rezo algun día; tal pensamiento volvió a despertar un cosquilleo intenso que subió hasta la garganta.
Muchas veces había llorado con su niña en brazos, pero ahora los delfines la vieron reír cuando salió a cubierta buscando serenarse con una bocanada de aire marino.
Poco después divisó el puerto de Algeciras. Entonces respiró hondo, miró al cielo, con un brazo apretó contra sí a la pequeña y con la mano libre se quitó el pañuelo de la cabeza. Después, con gesto desafiante, arrojó al agua el billete de regreso.

5 de julio de 2010

Emanuel


Ciertamente Él llevó mis dolores, y por sus llagas fui sanada. Ciertamente ha hecho maravillas en mi vida, me ha concedido el gozo de su Espíritu y me ha dado la paz que sobrepasa todo entendimiento. 
De todo lo vivido ha barrido con perdón lo sucio, pervertido, infame. De todo lo vivido ha rescatado el amor, la misericordia, la alegría, la alabanza, lo que fluyó de Él mismo, aunque yo lo ignorara. Él ha borrado las rebeliones y ha tornado todo para bien. Esto, por su misericordia, porque lo amo, porque me amó primero.

1 de julio de 2010

MAURITANIA


Amor y desamor en Mauritania
Un nudo, otro nudo, y la melfa ya está lista. Sólo falta pasar la cabeza y un brazo entre los nudos y envolverse en ella, rodeando los hombros, cubriendo todo el cuerpo. Los cinco metros de tela teñida artesanalmente con preciosos diseños y colores, constituyen la vestimenta diaria de las mujeres mauritanas. Quedan al descubierto las manos y los pies, pero al moverse, la melfa desnuda también las muñecas y parte del antebrazo, lo cual basta para delatar si se trata de una mujer conforme a los cánones de belleza local, o si necesita beber más leche de cabra o camella, azucarada, enriquecida con cereales molidos. Las madres se ocupan de dar a sus hijas adolescentes este preparado en abundancia, incluso despertándolas durante la noche, para que puedan agradar a un hombre con dinero, ya que es el dinero el que determina las relaciones, los matrimonios, y también los divorcios.
En la República Islámica de Mauritania el amor es un sueño... Si un hombre se enamora y es correspondido, pero no tiene dinero para la dote, debe olvidarse de su amada. Los padres “negocian” la boda de sus hijas, y las hijas, criadas con esa mentalidad mercantilista, estarán dispuestas a abandonar al marido si un día éste se quedara sin dinero.
El clima que reina en los hogares es de falta de compromiso emocional, los sentimientos se esconden o se negocian. La mujer puede ser devuelta a su familia si es estéril, si ha envejecido, o si aparece otra 'candidata' más joven en  el camino de su marido. Miles de niños crecen sin un verdadero hogar, yendo de la casa de la tía a la de la abuela, o de quien quiera tomar la responsabilidad de criarlos, mientras la madre consigue otro marido que la mantenga económicamente.
Una joven estudiante de Español en la Universidad de Nouakchott analizó el tema del amor en su cultura y escribió un artículo que finaliza diciendo: “El hecho de que no se permita el matrimonio de los enamorados es un fenómeno que tiene sus raíces en la cultura árabe antigua y que no debería aplicarse en nuestra sociedad actual. ¿No crees que es tiempo de ser una sociedad de amor, donde nuestros hijos vivan en un hogar lleno de amor, sin prejuicios ni tabúes? Inshallah!” (esto significa: “Dios quiera”).
Amor es el clamor de hombres y mujeres, de niños y adolescentes; es la gran carencia de los que miran la emigración como vía de escape a las tradiciones y presiones familiares que limitan su desarrollo personal. Dios es amor y la mayoría de los mauritanos lo desconocen.
Una genuina manifestación de amor puede significar tanto en sus vidas! El amor es la llave que abre los corazones. Las obras de misericordia son la manifestación práctica de ese amor-llave.

28 de junio de 2010

Experiencia en el Sahara


Este desierto es el lugar donde me siento más libre.
Escucho el susurro del viento, oigo la voz del Espíritu, hundo mis pies en la arena, fría o caliente, siempre suave; y caigo de rodillas.

¡Señor, hasta aquí me has traido para abrazarme de tal manera!

21 de junio de 2010

Miedo a la página en blanco


No hay que entrar en pánico, a todos nos pasa. ¿Miedo al fracaso? ¿Miedo a lo que brotará de mi interior? Ante el posible boqueo, lo más práctico es disciplinarse, ponerse un horario y escribir, no importa qué: palabras, frases sueltas, un recuerdo, una anécdota, un diálogo...

Aunque, así y todo, puede suceder que... 
 
Ahí viene una. A ésta sí que la atrapo, la domestico, la plasmo. Se acerca y me esquiva. Va tomando forma, como una colorida pompa de jabón.  Pero, de repente, hace ¡plop! y desaparece. 
Ni un a sola idea he podio cazar hoy. Y el papel sigue en blanco.

18 de junio de 2010

La Libreta Viajera


Hada María Morales, escritora nicaragüense radicada en Miami, la llama “La libreta loca”. Para otros es, simplemente, “Moleskine”. En realidad, esa es la marca del legendario cuaderno de notas y agenda de los artistas e intelectuales europeos de los últimos dos siglos: de Van Gogh a Henri Matisse, de las vanguardias históricas a Ernest Hemingway. La tradición fue recuperada por el escritor viajero Bruce Chatwin que las adquiría en una vieja papelería parisina, para llevarlas siempre consigo en la mochila o intercambiarlas con sus amigos escritores, como Luis Sepúlveda.  
Justamente, Luis Sepúlveda (1949) decidió rendir un homenaje a las libretas de notas y así nació su libro Moleskine, apuntes y reflexiones. Para el escritor chileno, la "mítica" agenda y libreta de notas Molekine, tan característica de la intelectualidad europea, es "como un cuaderno de bitácora de la vida" en el que va anotando ideas que luego refleja en sus obras. 
Se llame como se llame, “la libreta” es una salvaguarda de la memoria y constituye uno de los objetos (junto con un boli, lapiz o pluma) que siempre acompaña a cualquiera que realice actividades relacionadas con la creatividad.  
La libreta del escritor suele tener ideas que te asaltan en cualquier momento y lugar. Quizá son frases que has leído, o que has evocado, una anécdota o palabras escuchadas al pasar. Si no fuera por los apuntes que vamos haciendo en una servilleta, un cuaderno o una libreta, las ideas se irían sin volver jamás.  Y es muy frustrante no recordar esas ideas que te parecían tan increíbles.

17 de junio de 2010

MI PRIMER LIBRO

Seudónimo: Victoria Román

- Relatos de Verano en la Medina de Fèz



 

13 de junio de 2010

BRAHIM

 
“Como un tejedor enrollé mi vida, y él me la arrancó del telar. ¡De la noche a la mañana acabó conmigo!”.
Estas palabras de Isaías vienen a mi mente mientras observo a las tejedoras de la Cooperativa Sakía El Hambra de El Aaiún (Marruecos, ex Shara Español), enrollando sus alfombras a medida que el trabajo avanza, nudo a nudo.
Son mujeres mayores, algunas llevan más de dos décadas moviendo con destreza sus dedos entre urdimbre y trama. Para los saharauis la alfombra es casi el único mobiliario necesario. Constituye el sitio para sentarse y preparar el té, para acomodarse a ver televisión, para dormir… y aun para parir.
Pesadas, hechas de pura lana, las alfombras cubren los salones de la vivienda de lado a lado. En el perímetro se las coloca dobladas, con el pelo hacia adentro. Sobre ellas van los cojines, apoyados contra la pared. No se necesita nada más. 
...............
Una tarde, intentaba ponerme de acuerdos con algunas mujeres de la cooperativa de alfombras para comenzar un nuevo curso de tapices. Soukeina, la amiga que iba a traducir, tardaba en llegar y alguien tuvo la idea de llamar a Brahim, un niño de tez muy blanca y mejillas ruborosas ¡único varón en un salón con ocho mujeres! Comenzó a traducir escondiendo el rostro, mirando al piso. Lo hizo con buena dicción, en perfecto español con leve acento andaluz. La mitad de sus doce años de vida transcurrieron en Marbella y llevaba poco tiempo de regreso en el Sahara. Su padre estaba aún en la Península.
Conversé con el niño sin mirarlo directamente, para no incrementar su timidez; le hice saber que había vivido en la Costa del Sol casi en la misma época que él. Poco a poco logró levantar la vista y cuando por fin sonrió con mirada triste me dieron ganas de abrazarlo.
Brahim se concentró en la conversación. Fue cobrando confianza y llegó a parecerme que comprendía el sentido cabal de las palabras referidas a un tema que le era ajeno. Demostró tener un vocabulario rico y gran sentido común. Cooperó dócilmente, pero al cabo de un rato nos pareció que ya era demasiado esfuerzo para un niño y lo liberamos, con la esperanza de que Soukeina llegara pronto. Él respiró aliviado.
“Muchas gracias Brahim.  Dentro de unos años podrías trabajar como traductor; lo haces muy bien”. Sonrió al escuchar estas palabras y un brillo de alegría asomó en su mirada. Bendecir a un niño reconociendo sus dones, dándole una palabra de ánimo, infundiéndole esperanza, es como aportar un hilo colorido a su tapiz recién comenzado.
Este texto fue escrito originalmente para el blog de Encarni Sánchez, EL RINCON DE KARIMA. 2009.

11 de junio de 2010

UN LARGO VIAJE


Al abrir la puerta sentí algo indescriptible, 
como una lluvia refrescante, 
y mi único pensamiento fue: 
"¡Por fin llegué!"
El largo viaje había terminado.

Hasta la adolescencia concurrí a un colegio católico pero no tuve una experiencia personal con Dios. Incluso llegué a la conclusión de que el “cristianismo” era un camino vacío, sin respuestas.
Buscando la manera de contribuir para que el mundo fuera un poquito mejor, al ingresar a la universidad me involucré en el Partido Comunista Revolucionario.  Poco tiempo después estaba desanimada porque las vidas de mis compañeros de militancia no reflejaban valores distintos a los de la criticada burguesía; en consecuencia,  la propuesta de “una nueva sociedad” parecía absurda. ¿Cómo podrá cambiar una sociedad si primeramente no cambia cada individuo en su interior?, me preguntaba.
Pedí la baja como miembro del partido y comencé a practicar yoga como vía para alcanzar un estado espiritual más elevado. Quería encontrar el verdadero sentido de la vida. Tenía que existir una realidad invisible más trascendente que nacer, crecer, multiplicarse y morir...
Fueron muchos años incursionando en filosofías, sectas y prácticas ocultistas, sin lograr satisfacer mi inquietud interior. Paralelamente, tuve malas experiencias de pareja, me distancié de mi familia, durante cierto tiempo consumí drogas y viví angustiada, al punto de desear la muerte. ¡Pero allí estaba Emanuel, guardándome, aunque aún yo no lo conocía! 
Comencé a tener problemas de salud mientras seguía experimentando con pirámides, cristales, rebirthing, healing, yoga, ayunos prolongados, repetición de mantras e identificación de señales en el cielo. Gastaba buena parte de mi sueldo de periodista en hacer cursos de terapias alternativas, consultar psicólogos y parapsicólogos, médicos y curanderos, astrólogos y gurúes.
En ese peregrinar new age conocí a un artista plástico que seguía a Jesucristo. Un día en que me sentía enferma y sola lo llamé y le pedí que “rezara por mí”. Me dijo que una de sus hermanas había recibido de Dios el don de sanidad y que hablaría con ella para que fuéramos a verla. La cita fue para dos días después (más tarde supe que en esas 48 horas ambos ayunaron y oraron por mí, así como también me enteré que otras personas lo habían hecho en los últimos dos años ¡Dios es fiel!).
Esta amiga me habló, oró y me preguntó si quería entregarle mi vida al Señor. Le dije que sí pero en realidad -a causa de la anemia y de la ceguera espiritual- no lograba comprender nada de lo que ella decía. Luego me invitó a ir el domingo a la iglesia evangélica donde se congregaban y dije que iría. Lo hice pensando que nada perdía con probar una nueva posibilidad.
Fui al domingo siguiente, dispuesta a ver “qué pasaba”. Al abrir la puerta sentí algo indescriptible, como una lluvia refrescante, y mi único pensamiento fue: “Por fin llegué!”. Tuve la certeza de que mi búsqueda había terminado, de que estaba en casa y podía confiar;. Me senté en la última fila de sillas y dije: “Dios, te entrego mi vida, ya noquiero seguir por mí misma, por favor hazte cargo de mí”. Podría haber sucedido en otro lugar, en otro tiempo, pero ese fue el día que el Señor escogió para ligarme a él definitivamente.
A la semana siguiente me incorporé al curso bíblico para nuevos convertidos, maravillándome por el inmenso mundo que se abría ante mis ojos. Como quien necesita una “teraapia intensiva” comencé a asistir a todas las reuniones de la iglesia... durante las vigilias me sentaba en la posición yoga de “flor de loto”, ¡la más espiritual a mi entender !Tiré o quemé un montón de libros, símbolos, amuletos, grabaciones y objetos. A los dos meses me bauticé para dar testimonio público de mi fe en Jesucristo.
Mi salud física fue restablecida y las pesadillas desaparecieron después de una fuerte experiencia de lucha espiritual. Mis amigas me preguntaban de quién estaba enamorada. No era para menos: por primera vez experimentaba la dicha de sentirme incondicionalmente amada y de poder confiar plenamente en mi Amado, y esto se notaba en mi rostro!
El proceso de liberación de opresiones demoníacas y de sanidad interior llevó varios años..., en realidad creo que el Señor sigue obrando sanidad del alma a lo largo de toda nuestra vida.
BUSCANDO SU VOLUNTAD
En el primer año de mi nueva vida comencé a trabajar como voluntaria en Centro Victoria , Desafío Juvenil (Teen Challenge) para rehabilitación de drogadictos, a cargo del pastor Rodney Hart. Él y su esposa Lynn me enseñaron con su ejemplo que no hay nada mejor que estar en el lugar donde Dios nos quiere, obedeciendo su voluntad.
Le preguntaba al Señor cuál era mi lugar... me inscribí en el Instituto Teológico para prepararme, pero no pensaba aún en salir del país. Me gustaban las conferencias misioneras y ofrendaba regularmente para la obra llevada a cabo en lugares lejanos por estas  “personas extraordinarias”... ¡yo estaba tan lejos de ser como ellos!
Había alcanzado éxito profesional, tenía un buen sueldo y reconocimiento, sin embargo comenzó a crecer en mi interior la certeza de que Dios me llevaría a una nueva etapa, en otro lugar. Entonces comprendí que los misioneros son personas comunes, con miserias comunes y que lo único extraordinario en sus vidas es la obediencia, la apertura al cumplimiento del propósito de Dios, y la misericordia de Dios sobre ellos.


Es curioso: uno de los primeros libros cristianos que leí –y me impactó en gran manera- fue: ¨Me atreví a llamarle Padre¨, historia de la conversión de una mujer musulmana pakistaní. Más tarde comprendí por qué… Pero esa es otra historia.

10 de junio de 2010

La Mano de Fátima


En una casita en las montañas del Atlas vivía una mujer muy temerosa. Siguiendo la tradición marroquí, tenía el amuleto de la mano de Fátima junto a la puerta de la vivienda, para protección de toda la familia. A pesar de ello, no lograba alejar de su mente el temor de que alguna desgracia les aconteciera.

La situación empeoró cuando lo que temía sucedió y su marido murió fulminado por un rayo mientras reunía las ovejas para llevarlas al corral. Vendió una de estas ovejas y compró una mano más grande, de oro con un ojo de cristal, y la colocó en el dintel de la ventana de su habitación. Al día siguiente bajó de nuevo al pueblo y adquirió dos más, esta vez de plata, y las ubicó una a cada lado de la anterior.

Cada noche, cuando se acostaba, fijaba la vista en ese ojo celeste… pero en lugar de sentirse protegida -como era de esperar-, se sentía observada. Sin embargo, jamás hubiera osado quitar de allí el amuleto por temor a que la desgracia se hiciera presente. Para remediar la situación decidió comprar otra mano y como ya no le quedaba dinero de la venta de la oveja, vendió la ropa, los zapatos y las gafas del difunto esposo. Esta vez consiguió un precioso talismán hecho en delicada filigrana.

En el pueblo todos la conocían y sabían su debilidad. Siempre había alguien que le ofrecía una mano de Fátima con algún detalle diferente a las que ya poseía. “Así me sentiré protegida”, se decía a sí misma mientras entregaba resignada el dinero que había llevado para comprar arroz, harina y verduras.

El tiempo pasaba pero sus temores no. Un día su hijo le anunció que se iba a España y antes de partir le regaló otra mano de Fátima. Ella la colocó en el pequeño salón donde comía.

El temor ganaba terreno y la mujer ya no podía hacer las oraciones porque pensaba que algo malo iba a suceder mientras estaba de rodillas con la cabeza inclinada.

Su hijo consiguió trabajo en España y comenzó a enviarle dinero, con lo cual pudo comprar muchos talismanes más. Colgó manos de bronce, de plata, de cerámica, de madera pintada, talladas, labradas, algunas con un ojo verde o celeste, otras lisas. Al llegar a la número mil y una, las paredes de la casa parecían un colador.

Una noche en que la mujer por fin se había quedado dormida, sintiéndose protegida por Fátima, las debilitadas paredes no soportaron el peso del techo y la casa se derrumbó.

29 de marzo de 2010

HAITI


Pasión, esperanza, resurrección

Haití no ha dejado de ser noticia. Aunque ya no ocupe la primera plana de los medios de comunicación, la precariedad en que vive su población desde el terremoto del 12 de enero genera cada día nuevas historias de heroísmo, de dolor, de penurias y carencias, así como de generosidad y esperanza. Un joven pastor explica cómo administra algunas ofrendas que recibe para bendecir a la mayor cantidad posible de personas.

En medio de una población que llora a sus muertos, la Iglesia de Cristo se ha movilizado, reuniéndose en las calles desde el primer momento, como una bella flor que crece en medio de los escombros.
“Estamos bien, la iglesia está viviendo en lo espiritual un momento de alegría a través de un avivamiento. La gente se acerca más a Dios; algunos tienen gran temor de Dios y el Espíritu Santo se mueve muchas veces. Gloria Dios!”, dice el pastor Edouard Webert, quien recorre incansablemente el territorio, llevando ánimo a los creyentes y ayudando materialmente en lo que puede, con algunas ofrendas que recibe del exterior. No es mucho dinero, pero él administra con sabiduría e integridad, rindiendo cuenta hasta del último céntimo de dólar. “Para mí ser cristiano es una cuestión de vida o de muerte Por esta razón quiero hacer todo bien, según me indica la Palabra de Dios”, afirma.
La tarea es enorme. En Puerto Príncipe dos jóvenes le piden iniciar un aula de estudio de la Palabra en su barrio. Luego de hablar con ellos y visitar a otros hermanos en esa ciudad, asiste a los de Jacmel y Gonave. Para viajar a este último poblado –o lo que queda de él- tiene que pasar casi tres horas en un barco de vela y motor. “Aún me falta llegar a Petit Gonave para terminar de visitar los lugares más afectados por el terremoto”, explica.
En Gonave hasta ahora no hay iglesia, pero después de la catástrofe muchos creyentes que vivían en la capital y lo perdieron todo, se trasladaron a ese lugar para reunirse con otros familiares. “Ahora allí hay una gran posibilidad de evangelizar”, comenta con entusiasmo el pastor Webert.
Mientras tanto, en ciudades como Jacmel, Anse-à-Veau y Puerto Príncipe los creyentes del Centro Cristiano Evangélico (CCE) han vuelto a reunirse y “las actividades espirituales tienen más gente que antes, solo que los servicios se hacen bajo tiendas o al aire libre”.

TANTO CON TAN POCO
Espiritualmente Haití renace tras el terremoto, pero “el problema más grande es socio-económico”, reconoce el pastor. “Una familia que antes tenía tres o cuatro miembros, tiene ahora quince y hasta veinte. La iglesia, a pesar de las dificultades, no puede hacer otra cosa que sostener a algunos de sus miembros en todos los niveles: espiritual, económico y social”.
¿Qué se puede cubrir en estas circunstancias con ofrendas que suman 290 dólares americanos? “Hice muchas cosas”, informa el pastor. Y cuando comienza a dar detalles, pareciera que las finanzas se multiplicaron en sus manos. “En Jacmel le di dinero en efectivo a dos personas: veinte dólares entregué a un padre de familia que perdió su empresa y tiene la casa dañada; y a una joven, hija de madre viuda, le entregué 30 dólares porque ellas no tenían nada de dinero”.
Con los 240 dólares restantes, Webert compró 5 bolsas de arroz, 5 galones de aceite de oliva, 10 cajas de galletas para los niños y un paquete de caldo en cubitos. Algunas mujeres del CCE ayudaron a armar bolsas para distribuir entre 31 familias, sobre todo a las madres solas. “Puedo afirmar que más de 300 personas se beneficiaron de esas ayudas”, afirma, exhibiendo todos los comprobantes.
Sobre esta manera detallada de rendir cuentas, tiene también una forma precisa de explicar qué lo motiva: “Mi compromiso con Dios me exige de ser un hombre fiel en todo. No tengo coche o guagua, no tengo casa ni dinero. Siempre he diferenciado entre lo que es personal y lo que es para el trabajo de Dios. Cada día, hasta mi último día sobre la Tierra, quiero ser un hombre integro y el Espíritu Santo me está ayudando para lograrlo. No quiero aprovechar ninguna ocasión para tener más, mientras que el pueblo de Dios muere de hambre. Cada cristiano tiene la obligación de luchar contra la injusticia”.

HORA CLAVE
La visión del pastor Edouard Webert no termina en la satisfacción de algunas necesidades materiales de los miembros de las iglesias que él supervisa. “Pido oración por la vida espiritual de cada hermana y hermano del Centro Cristiano Evangélico porque vivimos tiempos difíciles y está cercano el día del rapto de la iglesia. Quiero que cada uno de nosotros se dedique más al servicio de nuestro Maestro, Jesucristo, ponga en práctica la Palabra de Dios y viva como gente santificada que hace todo por fe. Mi deseo más grande no es tener coche, casa ni dinero en el banco, sino que cada uno de nosotros esté a los pies de Jesucristo” afirma.
Durante los días de Semana Santa, el CCE de Puerto Príncipe realizará una campaña evangelística. En esa ciudad los creyentes están trabajando para limpiar los escombros de lo que era el templo, el lugar de adoración, de alabanza y de estudio de la Palabra. En Anse-à-Veau y Jacmel también deberán reconstruir. “Pensamos usar tiendas grandes donde antes había edificios, pero hasta la fecha no las tenemos. En esos tres lugares trabajamos al aire libre y a veces usamos hogares temporales para los cultos”, explica Webert. Para Anse-à-Veau y Jacmel ya tiene bloques y piedras para la construcción, pero falta cemento, arena y dinero para pagar a los obreros.
Proyectos no le faltan a este joven pastor. “Queremos abrir una cafetería al aire libre para los miembros de la iglesia, que funcione cada domingo después al culto a fin de aliviar un poco la situación de falta de alimentos que sufre la mayoría de ellos”.
En la comunidad de Anse-à-Veau anhelan abrir un proyecto socio-espiritual para niños de 3 a 12 años. “El número de niños sin padres ha aumentado después el terremoto, en particular en Puerto Príncipe y en Jacmel. Pensamos organizar para ellos una serie de encuentros socio-psico-espirituales. Vamos a darles un plato de comida a cada encuentro”. Pero aún hay más: “Dado que ellos no pueden ir a la escuela, pienso para el futuro en una escuela primaria. En este sentido, pido oración por esos niños, para que Dios envíe sus bendiciones para ellos por medio de las hermanas y de los hermanos de Haití y también del extranjero”.