VERONICA ROSSATO

27 de septiembre de 2010

ARCO IRIS


Veníamos conversando, tomando mate, prestando atención al camino y a la vez disfrutando de la lluvia. De repente, cesó el agua y apareció en el cielo un magnífico arco iris. Cada vez que tengo ocasión de ver uno experimento profunda alegría, una sensación de paz y confianza que me llena de plenitud. Es la señal más visible y hermosa que Dios pueda habernos dado de su pacto con la humanidad.
Un arco iris siempre es majestuoso. “No me olvides. Aquí estoy para bendecirte”, parece decirnos el Señor con esta pincelada de colores brillantes surcando el cielo después de un aguacero. Bendición para la tierra y para nuestras vidas.
“Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra” (Génesis 9:13). El pacto sigue vigente y la señal sigue apareciendo desde hace miles de años entre las nubes. “Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente…” (v.16).

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