VERONICA ROSSATO

20 de diciembre de 2010

HAPPINESS

En un mes en que recordamos el nacimiento de Jesús (fecha arbitraria, ya se sabe), otros nacimientos nos hablan del amor de Dios y su misericordia. Bebés que llegan en medio de situaciones trágicas, pequeños que encarnan un canto a la vida.

 Happiness nació en una patera, cerca de la isla española de Alborán. El padre llevaba a la niña en brazos y todavía tenía un trozo de 10 o 15 centímetros de cordón umbilical colgando cuando Salvamento Marítimo rescató a los ocupantes de la pequeña embarcación. Desde ese momento y hasta la llegada al puerto de Motril, dos horas después, la bebé viajó pegada al pecho de un Guardia Civil. Judith, la madre, nigeriana de 28 años, se encontraba temblorosa pero feliz cuando miembros de la Cruz Roja llegaron en su auxilio al tocar la costa granadina.


Según relató Judith a la enfermera de Cruz Roja que le brindó los primeros auxilios en tierra firme, el parto se produjo en la patera, con la ayuda de dos compañeras de viaje. La embarcación había zarpado de Marruecos con 38 inmigrantes subsaharianos, 13 mujeres, siete de ellas embarazadas, y cinco niños de corta edad a los que se sumó en pleno viaje la pequeña Happiness.
En medio de una situación tan dura, la llegada de la niña fue motivo de gran alegría para esta pareja africana. Por eso se llama Happiness. Cuánto dolor dejaron atrás estos padres, sólo ellos –y Dios- lo saben. Es difícil imaginar cuánto sufrimiento habrá soportado esta mujer embarazada desde que partió de Senegal hasta zarpar de la costa marroquí, y luego durante la travesía… Pero aquí está su hija, sana, vital, prendida a su pecho. Un milagro.
Otro milagro es el que relata Bibiana Pinto, médica argentina, misionera en Haití desde hace muchos años. En el improvisado hospital donde está prestando servicios para enfrentar la epidemia de cólera, llegó día pasados una mujer gestante, lista para el parto. “Lo que no sabíamos era cuán lista estaba!”, expresa Bibiana.
El doctor haitiano que se encontraba de turno en ese momento en el centro médico había dicho que la paciente todavía no estaba en trabajo de parto… La doctora Pinto le preguntó otra vez, y él sugirió que fueran a verla. “Tenía 6 cm de dilatación y estaba progresando bien, así que empezamos a preparar una salita para recibir al bebé, a buscar en el depósito un kit de obstetricia... Un rato después se me ocurrió enseñarle a mi compañero de equipo cómo hacer un examen vaginal y calcular la dilatación. Fuimos a ver a la mujer. ¡Oh, sorpresa!, la cabeza del bebé ya asomaba y ni tiempo nos dio a ponernos los guantes. De un empujón salió el niño, gracias a Dios, sano y con buenos reflejos, a enfrentar un medio infectado con cólera.
Por un ratito el pequeño se convirtió en la alegría y el entusiasmo de pacientes de personal médico, que de pronto tenían una mamá y un bebé que cuidar, en lugar de sueros que cambiar”, relata la misionera en su carta.
“Oro para que el Jesús de la resurrección proteja al bebé de todo mal y puedan, mamá e hijo, salir pronto de la clínica. Estas historias hacen la vida nuestra tan llena de adrenalina y deseo de seguir sirviendo”, concluye la médica.
A uno y otro lado del mar hay pobreza y enfermedad. Una misma raza aquí y allá. Seres que enfrentan el peligro de cruzar el Estrecho en patera; otros que padecen terremotos y pestes. Para ellos la muerte está tan cerca como la vida. El alumbramiento de estos bebés les ha traído alegría, tal vez momentánea. Pero estos milagros nos recuerdan el nacimiento de aquel que vino a traer salvación y vida eterna para todos los que creen.... Aquí y allá.

© V. Rossato, ProtestanteDigital.com (España, 2010).

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